El plan de desarrollo ganadero generó, en tres años, una evolución del stock provincial del 24 por ciento. Se pasó de las 1.600.000 cabezas de 2005, a más de 2 millones actualmente.
El auge de la ganadería en esta provincia generó interrogantes entre quienes observan la evolución que ha alcanzado en los últimos años. Los efectos de la puesta en marcha de una política para resolver positivamente los problemas de producción y el avance hacia metas de comercialización permiten a los ganaderos fijar su mirada en el mercado mundial. En ese sentido, el ministro de la Producción, Luis Basterra, explicó las razones de esta realidad pecuaria: ''Hay una alianza natural entre el sector público y el privado con el apoyo de organismos que aportan conocimientos para que se afirme el mejoramiento cualitativo de las carnes''. Y agregó: ''Hay un concepto de inclusión del Estado para que en esta fluida convergencia de grandes ganaderos participen los medianos y los pequeños productores''.
Basterra admitió que no son pocos los que le preguntan cómo y cuándo comenzó a producirse esta transformación, para opinar que, paradójicamente, todo comenzó a plantearse cuando desde las esferas nacionales se decidió la aplicación del rifle sanitario en Clorinda, ante un supuesto foco de aftosa que ingresó al país desde Paraguay. Basterra opinó que fue equivocada la estrategia de declarar al país libre de aftosa sin vacunación y sin las prevenciones correctas. Para él, Formosa y otras provincias del Norte resultaron el ''chivo expiatorio'', en términos políticos.
''Formosa ofrece espacios suficientes donde pueden convivir todos los sistemas productivos y aprovechar las bondades de una naturaleza exuberante que ofrece sus potencialidades para emprender proyectos de aprovechamiento sustentable y decididamente rentables'', sostuvo Basterra.
La ganadería formoseña, según el ministro, ''tomó el problema de la aftosa con tanta seriedad que convirtió esa circunstancia adversa en un elemento aglutinador''. Se sumaron a la causa los consejos profesionales de veterinarios e ingenieros agrónomos; los productores a través de sus entidades, particularmente ChaFor y las sociedades rurales; los funcionarios locales de los organismos nacionales como Senasa, y el compromiso del gobierno provincial a través de la Comisión Provincial de Sanidad Animal.
''El objetivo de todos era mostrar que en Formosa se hacen las cosas de manera ordenada y que hay suficientes garantías de seguridad con respecto a la producción'', precisó Basterra.
Luego del impacto del ''sambenito de la aftosa'', se fueron limando todas las diferencias entre los actores de la cadena productiva a través de la definición de un objetivo común: lograr un estatus sanitario que no tuviese restricciones para el desarrollo de la ganadería en la provincia.
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