El sector lácteo gallego está inmerso en el mayor proceso de reconversión de toda su historia. Pese a que el año pasado el conjunto de las explotaciones de la zona volvieron a superar el volumen total de producción hasta colocarse por encima de los 78 millones de kilos, lo cierto es que el número de granjas sigue con su descenso imparable. De hecho, durante la última década han desaparecido más de 1.100 explotaciones en el territorio sur de la provincia coruñesa, desde Carnota hasta Rianxo, Mazaricos y Lousame. que prácticamente representan el 75% de las instalaciones que se encontraban en activo a comienzos de la campaña 1999-2000.
Detrás de este desmantelamiento progresivo de un sector que genera, en el conjunto del territorio barbanzano, un volumen de negocio anual superior a los 37 millones de euros se encuentran factores como la escasa evolución interanual de los precios de la materia prima en origen o el repunte de los gastos de producción por encima del 40% en apenas un lustro.
Compra de derechos
Por si lo anterior fuera poco, también han jugado en contra de los titulares de las granjas los importantes desembolsos que se han visto obligados a realizar en la compra de derechos de producción, que serán inservibles en apenas cinco años por la decisión comunitaria de suprimir las cuotas lácteas, o el endeudamiento provocado por la modernización de sus instalaciones.
La suma de todos los condicionantes señalados justifica que no se esté produciendo el relevo generacional en la mayor parte de las granjas, sucesión que se antoja imprescindible para la pervivencia de una actividad que emplea en la comarca de forma directa e indirecta a más de dos mil familias.
La gran mayoría de las explotaciones que se reparten por la comarca siguen un patrón parecido pues continúan activas hasta la jubilación de su titular sin que, llegado ese momento, haya alguien que se haga cargo de ellas, lo que las condena al cierre. Otro factor que está invitando a los empresarios lácteos a optar por abandonar la actividad con los agobios de las cargas financieras derivadas de planes de modernización subvencionados por la propia Administración autonómica, por lo que se están planteando seriamente cesar ante la continuada falta de rentabilidad que registran sus negocios.
Infructuosos incentivos
Esta última incidencia se confirma desde las oficinas agrarias de la Consellería de Medio Rural, que apuntan a que el número de jóvenes que se han puesto al frente de una explotación agroganadera ha descendido sustancialmente en el último quinquenio, aún a pesar de las ayudas que la Administración autonómica ha puesto en marcha para incentivar la incorporación de menores de 40 años a las granjas.
Si nada cambia, la producción láctea prácticamente podría llegar a desaparecer en el contexto barbanzano en los próximos diez años.
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