La situación es particularmente compleja para los criadores de las zonas semiáridas y áridas del centro del país, donde no se cuenta con el aporte de rastrojos agrícolas y donde el campo natural ha sufrido gran deterioro por tres años seguidos de sequía. Estos productores han sufrido un doble impacto económico por la caída de 20 a 30 kilos en el peso al destete y por las bajas en los porcentajes de preñez evidenciada en los tactos correspondientes al servicio primaveral de 2008.
¿Cómo seguir en el negocio ganadero frente a un contexto climático y económico desfavorable? ''La prioridad de los criadores es conservar el capital hacienda con la menor mortandad posible a pesar de la escasez de forraje'' afirma un productor de Guatraché, provincia de La Pampa.
Los criadores de las zonas semiáridas y áridas basarán su estrategia en eliminar todos los animales improductivos y en ramonear y limpiar el campo de todo el pasto y broza estivales. Esa cosecha a diente puede generar las condiciones para el rebrote tierno a partir de alguna lluvia próxima. ''Además, en los momentos más críticos del invierno, se darán cantidades medidas de algún subproducto industrial como suplementación estratégica'', agrega el productor.
Los invernadores también enfrentan problemas serios: muchas praderas que se sembraron con algún golpe de agua de febrero -marzo se están malogrando por la sequía y los verdeos de invierno detuvieron su crecimiento en los últimos días.
Como consecuencia de ello y de la escasez de forraje durante 2008, hay muchos novillitos flacos de 300 / 330 kilos que deberían haber salido en esta época pero que están atrasados y deberían pasar un segundo invierno en el campo para ser cargados. Si se venden así se pagan $ 2,50/kg, un valor inferior al de un ternero liviano de invernada. Con ese peso y ese precio, se pueden obtener sólo $ 800 por animal. ''Para evitar esa mala venta, algunos productores los encerraremos en corrales para venderlos en 60 / 70 días con 400 kilos aspirando a $ 3,40 /kg. Así se podría cobrar $ 1360, con un costo de alimentación de $ 350. Esta práctica generaría, entonces, una ganancia del orden de los 200 pesos por animal respecto de la venta en condición flaca, que se conseguiría principalmente por el cambio de categoría del animal.
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