Se sabía que el año 2009 iba a ser perdido para los lecheros. Quizás la magnitud de las bajas en el precio pudieron no estar previstas, lo mismo que los altos costos en que hubo que incurrir para mantenerse pedaleando en un ambiente definitivamente negativo. Pero a pesar de eso, Dieter Konow está optimista sobre el futuro del sector que lidera a través de Fedeleche.
La nube negra que persistentemente estuvo sobre las cabezas de los productores ya se disipa, lo que permite dejar atrás las bajas de precios, e incluso revertir la última. Además, los precios internacionales están en alza.
''Comenzó la recuperación de los valores extremadamente bajos a los que se llegó. Eso se juntó con la aplicación de salvaguardias a principios de octubre y se desvirtuaron los argumentos de la industria de que la baja de los precios por la leche cruda se debía a la amenaza de entrada de productos lácteos importados a precios inferiores a los normales'', señala Konow.
Después el mercado ha seguido sostenidamente dando señales de recuperación.
''Independiente de que el dólar haya sufrido una baja de alrededor de 8 a 9% en este período, las alzas son superiores y, por lo tanto, estos precios internacionales más favorables tienen que reflejarse en el mercado interno'', añade.
Y ahora que la leche parece fluir más blanca y más nutritiva que nunca, los lecheros darán la pelea en dos frentes.
Primero, planteando a las próximas autoridades, la necesidad estratégica de desarrollar un plan de fomento para el sector, si es que la apuesta del país es producir y exportar.
Y segundo, se ocuparán de que no demoren en llegar a los productores las alzas de los precios en el exterior, tal como ya lo sienten en sus bolsillos los lecheros neozelandeses. Ellos quedaron en alrededor $150 a $155 y en Chile se pagan entre $135 a $140. Para eso esperan concordar con la industria un sistema que incluya todas las variables que inciden en la construcción del precio a productor.
''Si consideramos el promedio general de nuestros productores, creemos que el precio de Nueva Zelandia es el piso en que debiera estar nuestra leche. Y si las cifras de los siguientes remates siguen en alza, deberían ser superiores. No quiero señalar una cifra definitiva porque depende del precio internacional y del dólar, pero lo menos que hubiésemos esperado de la industria es tener condiciones iguales a las de los neozelandeses'', señala Konow.
UN PLAN MAESTRO
La cuenta que sacan en Fedeleche es que entre la Araucanía, Los Ríos y Los Lagos hay dos millones de hectáreas de praderas. Un millón no está aprovechado, alrededor de 600 mil son praderas mejoradas y cerca de 300 mil son artificiales. En esos pastos se produce el 80% de la leche del país. Lo relevante es que con un programa intensivo de mejoramiento de la fertilidad de los suelos, se podría multiplicar por tres la actual producción láctea.
La propuesta es quitarle al actual programa de mejoramiento de suelos su sesgo asistencialista, y transformarlo en uno de desarrollo del sector lechero, cárnico y también ovino.
Esto sería seguir lo que hizo hace décadas Nueva Zelandia, que corrigió las deficiencias de pH y fósforo, estabilizó los suelos y, posteriormente, fue función de cada agricultor producir más y mantener la fertilidad. En los dos millones de hectáreas de praderas chilenas bastaría con incrementar la producción de materia seca por hectárea desde los alrededor de 3 mil a 4 mil kilos actuales a 8 mil para triplicar la carga animal. Eso permitiría a Chile acercarse a la producción neozelandesa.
''Un programa así requiere un aporte financiero, que puede ser momentáneo, ya que el mismo negocio después generará no sólo beneficios tributarios, sino externalidades positivas, como educación, infraestructura, incorporación y desarrollo en general. El cluster de la leche de la Región de Los Lagos está trabajando para hacer el anteproyecto y presentarlo a las autoridades del nuevo gobierno. Pero, además, es lo que los neozelandeses están haciendo en Chile. Empezaron hace tres años ¿Y qué estamos haciendo nosotros?'', señala Konow.
El ejemplo de este potencial está en varios predios osorninos y en la Hacienda Rupanco donde los neozelandeses están invirtiendo hoy.
''Tenemos que hacer algo al respecto porque la prioridad en el sector lácteo la tienen los nacionales. Yo no voy a esperar hasta ver que les entreguemos la posibilidad de desarrollar el sector a extranjeros. Son bienvenidos, pero a desarrollarlo con nosotros'', señala Dieter Konow.
Pero no todo es cosa de producir. Una tarea como la nombrada requiere el compromiso de la industria procesadora, buscar los mercados, diversificarlos y producir con valor agregado. Rescatan la iniciativa de Nestlé, que instalará una planta en Osorno para producir leche en polvo de alta calidad para lactantes.
''Vamos a incentivar a las industrias a que se instalen. Tan pronto haya producción van a venir. Las vamos a buscar. Lo quisiéramos hacer con la industria local, pero el compromiso de desarrollar el sector lo veo muy tibio y lejano'', dice.
La cuenta que sacan es que si no se aprovecha este potencial, lo harán los neozelandeses o bien, los terrenos pasarán al trabajo de la compañías forestales.
NO MÁS ATRASOS
Pese a que la industria ha dado señales de estar dispuesta a considerar las nuevas alzas -la leche en polvo entera pasó de US$1.800 la tonelada a US$ 3.400-, el tema es la tardanza con que se toman las decisiones. Hace dos años se registró una significativa alza del precio internacional, pero sólo se reflejó en las liquidaciones seis meses después.
''Demandamos de parte de la industria, clara y precisamente, una explicación y que en definitiva esta situación de precios llegue a los productores. Nosotros queremos que las condiciones internacionales se reflejen a nivel nacional, porque ese es el sistema en el que estamos insertos. Así como en invierno la argumentación que se usó para anunciar bajas de precios fue que efectivamente las cotizaciones eran muy bajas y había competencia desleal, ahora ambas situaciones se corrigieron por lo que eso tiene que reflejarse en lo que nos paga la industria a nivel nacional'', señala Konow.
El tema de fondo y que data de los acuerdos de Punta de Tralca de hace más de una década, es desarrollar un sistema objetivo, aceptado por todas las partes, que contenga las variables por las cuales se construye el precio.
''Este es el punto de desacuerdo mayor que tenemos con la industria y uno de los que de aquí en adelante vamos a plantear con mayor firmeza, porque creemos que debe quedar zanjado. Tendremos que conversar lo suficiente para llegar a un acuerdo porque esto no admite más demora. Esto ha gravitado en forma permanente cohibiendo el desarrollo del sector lácteo. El precio es fijado por la industria en forma unilateral; no hay una suerte de negociación, ni mucho menos. Lo que nosotros siempre hemos esperado es que esto esté ligado a los valores generales de mercado, que considere variables como el dólar, el precio internacional de los distintos productos que son commodities y los de mayor valor agregado y hacer un mix con todo eso'', señala.
Lo anterior lo sustentan en que si bien celebran que las principales industrias lácteas del país muestren utilidades, no como las de 2008, pero ganancias al fin, ellos no puedan decir lo mismo.
''Incluyendo los precios actuales, como sector vamos a terminar este año en rojo. Encuentro tremendo que la producción primaria ni siquiera pueda mostrar cifras neutrales, sino pérdidas. Ahí hay un claro desequilibrio. De ahí la necesidad de establecer un mecanismo de retribución por la leche que nos pagan. Es la principal lección de este año. Este es un punto intransable para una buena relación a futuro con la industria'', añade.
Nueva Zelandia produce 16.000 millones de litros en superficie y clima similar al nuestro. 2.400 millones se producen en Chile Producción competitiva.
Konow conversó con el presidente de Fonterra, Henry van der Heyden, quien señaló que la empresa neozelandesa podría comercializar los potenciales seis mil millones de litros de mayor producción si se llevara a efecto el plan de fomento. La única condición que puso es que los productores chilenos sean productivamente competitivos.
''De ahí nace nuestro desafío. Pero en este minuto están pagando más en Nueva Zelandia que acá y todavía estamos pedaleando sin ningún tipo de apoyo'', dice.
MÁS CUOTA, MENOS ENOMINACIONES
Respecto de la negociación que pretende entregar las denominaciones de origen a Europa a cambio de aumentar las cuotas libres de aranceles para la carne bovina, Konow señala:
No estamos de acuerdo con que un sector obtenga beneficios a costa de otro. Al final los productores somos los que vamos a pagar la cuenta cuando la industria se vea limitada y no pueda vender productos.
PERSPECTIVAS
Todo apunta a un ciclo de extrema volatilidad. Hay que poner mucho cuidado con la evolución de los precios de los commodities en el mediano plazo, porque no se sabe cómo se va a comportar el valor del petróleo y el de la urea. Por otro lado, el uso de los fertilizantes va a estar sujeto a las demandas internacionales que se reflejan posteriormente en nuestro mercado. Los granos, en la medida que haya menor existencia, van a tender al alza; eso sí va a estar determinada por la producción del próximo verano del hemisferio norte. Creemos que hay que mirar el futuro con bastante cautela, aunque en el corto plazo los precios de los lácteos van a tender a ser firmes.
LA GESTIÓN MANDA
El mejoramiento de la competitividad es un desafío permanente y no tiene fin. Adaptar la producción a los ciclos de precios bajos es un reto. Producir en forma competitiva es lo único que nos da espaldas para sobrevivir en el lago plazo. Una buena señal se conoció en septiembre pasado en la cumbre mundial de la leche, de Berlín. A nivel europeo se plantearon tres escenarios: un precio a productor de 25 centavos de euro, uno de 30 y otro de 35. La mayoría de los productores europeos no pueden sobrevivir con precio a productor de menos de 30 centavos y nosotros, con 25 centavos somos viables, estrechamente. Otro anuncio que se hizo en Europa es que a partir de 2014 termina el sistema de cuotas y los productores van a tener que hacer eficientes sus sistemas de producción compitiendo libremente entre ellos.
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