Uno de los factores que caracterizan la ganadería ecológica es la cuidada alimentación que reciben los animales. Por las características de este tipo de producción, vacas, cerdos, conejos o gallinas criados y certificados como ecológicos sólo pueden comer determinados productos.
El sistema de cría de la ganadería se basa en la máxima utilización de los pastos. Cuando hay que darles piensos, estos sólo pueden ser ecológicos; es decir, elaborados con materias primas procedentes de la agricultura ecología en una fábrica certificada. Es el caso de Garte, «la única compañía en España dedicada exclusivamente a la producción de piensos ecológicos; los demás fabrican también convencional», enfatiza al diario La Razón, Aurèlie Gómez, gerente de esta empresa joven, creada en 2005, que da trabajo a 11 personas, y que produce unos tres millones de kilos de piensos cada año en su planta de Fuentes Calientes, Teruel.
Su producción, que puede parecer pequeña frente a las cifras de los convencionales, está dedicada por completo a todo tipo de animal no doméstico. Elaboran para porcino, ovino, vacuno, caprino y para avicultura, «incluso hacemos pienso para caracoles; porque el cliente quiere piensos sin OGM, es decir, sin transgénicos», hace hincapié Gómez.
Precisamente, garantizar la completa ausencia de OGM en sus productos fue una dificultad en la búsqueda de proveedores «las proteínas se aportan con guisantes y soja. Sin embargo, la poca producción de guisantes ecológicos que hay en España es para consumo humano. Y la soja, junto con el maíz, también son importados, porque los de producción nacional suelen estar contaminados de transgénico». Lógicamente, esto encarece los precios, «la soja es hasta un 300% más cara, transporte aparte», explica Gómez.
Siempre que se habla de ganadería y agricultura ecológicas, parece que prima todo lo que no pueden utilizar, ya sean abonos, plaguicidas o, como en este caso, ingredientes.
Sin embargo, Gómez prefiere hablar en otros términos: «La normativa nos da una lista positiva, por la que sólo podemos usar determinados ingredientes para elaborar nuestros productos; en piensos convencionales la tienen en negativo: se puede usar de todo, menos unas cuantas cosas». Así, junto a materias primas ecológicas, como los cereales (cebada, trigo, avena y maíz), la soja y los guisantes, pueden emplear aditivos como sal marina, roca fosfórica, cítricos y lácteos. «Todos nuestros ingredientes tienen que ser nobles, no se pueden utilizar subproductos ni concentrados. Por eso mismo, tampoco hacemos piensos de tipo médico», asegura Gómez.
Este enfoque permite tener muy presente otras ventajas para la empresa. «Se avecinan nuevas normas sobre higiene de los piensos. Pero a nosotros no nos supone ningún problema, no tenemos que hacer ningún cambio en la fábrica ni en el método, lo tenemos todo implantado desde el principio. Tenemos absoluta trazabilidad, y nos certifican el Comité Aragonés de Agricultura Ecológica y el andaluz, que no te pasan ni una», relata.
De importancia no menor, es que «nuestra fábrica huele muy bien, a cereales. Incluso hemos llegado a probar los piensos delante de gente», sus clientes, que son todos españoles, pequeños consumidores y «unos 50 grandes. Sobre todo de Andalucía, que es donde está la ganadería ecológica española», concluye la gerente de la compañía Garte.
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